Durante años pensé que no tenía nada que sanar a mamá porque nuestra relación era “cordial” y sin grandes conflictos. Sin embargo, descubrí que incluso en vínculos aparentemente buenos, existen heridas sutiles que marcan nuestra manera de amar y relacionarnos. Hoy quiero compartirte mi historia, lo que aprendí y un ejercicio poderoso que me ayudó a transformar mi relación con ella… y conmigo misma.

Mi historia: de la negación a la comprensión

Cuando empecé a escuchar sobre el desarrollo personal, allá por el 2016, recuerdo haber oído una frase que se repetía mucho: “Todos tenemos que sanar a mamá”.
Mi primera reacción fue decir: “yo no tengo que sanar a mi mamá”.

Para mí, sanar a mamá era para personas que habían tenido conflictos graves: peleas constantes, relaciones tóxicas, maltrato o distanciamiento total. En mi caso, mi relación con mi madre es excelente: no éramos demasiado cercanas, pero tampoco discutíamos. Cada una vivía su vida y yo lo interpretaba como algo “normal y suficiente”.

Por muchos años repetí esa idea. Pero, en el fondo, estaba negando algo más profundo: esas pequeñas heridas que no siempre se dicen en voz alta, esos silencios, los malos entendidos, los momentos en los que no me sentí vista, comprendida o importante.

Quizás a ti también te ha pasado. Tal vez piensas: “no me gusta cómo es mi mamá” o incluso “no entiendo a mi mamá”. Y al mismo tiempo justificas pensando que no es tan grave, que tu relación es “cordial”, que mejor dejarlo así.

Pero lo cierto es que hasta las experiencias pequeñas de abandono, comparación o rechazo dejan huellas en nuestra infancia. Y esas huellas, si no se atienden, se convierten en un caparazón que no nos permite conectar con mamá desde un amor genuino y libre.

El ejercicio que me ayudó a sanar a mamá

Cuando finalmente acepté que sí había cosas que sanar, hice un ejercicio sencillo pero muy poderoso que quiero compartir contigo:

Paso a paso:

  1. Haz una lista de todo aquello que no te gusta de tu mamá: sus actitudes, comportamientos o formas de ser que te incomodan.

  2. Subraya aquellas que tú también repites en tu vida. Es incómodo reconocerlo, pero es un paso crucial.

  3. Decide conscientemente qué acciones vas a tomar para dejar de repetir esos mismos patrones.

  4. Con las que no repites, pregúntate: ¿por qué mi mamá actúa así?

    • Quizás porque nadie le enseñó otra manera.

    • Porque no se ha dado cuenta.

    • O simplemente porque hizo lo mejor que pudo con lo que tenía.

Ese proceso me llevó a una comprensión más compasiva. Entendí que lo que rechazaba en ella no era personal, sino el reflejo de sus propias limitaciones y aprendizajes. Y también entendí que, en muchas cosas, yo era un espejo suyo.

El cierre del ejercicio

Para finalizar, tomé una fotografía de mi mamá y le escribí estas palabras:
“Mamá, ahora comprendo. Sé que hiciste lo mejor que pudiste, te honro, te respeto y te amo”.

Esa práctica abrió en mí una nueva forma de mirarla: con amor, aceptación y gratitud.

Tu momento de empezar este camino

Quiero invitarte a que tú también des este paso. Empieza con la meditación de Bert Hellinger para sanar a mamá, que encontrarás aquí 👉 Escúchala ahora.

Hazla varias veces por semana, durante un mes si es posible. Y si después sientes que quieres ir más profundo, estaré encantada de acompañarte en este proceso. Puedes reservar una sesión personalizada conmigo, donde juntas abriremos ese espacio de sanación.

sanando a mama

Lo que cambió en mi relación con mamá

En mi caso, la transformación fue evidente:

  • Antes, llamarla me parecía una obligación.

  • Hoy, disfruto hablar con ella y reímos más.

  • Siento una energía completamente distinta.

Al sanar a mamá, descubrí que no solo cambiaba mi vínculo con ella, sino también mi relación conmigo misma. Al aceptarla con sus defectos, acepté también los míos. Al comprender su historia, pude abrazar la mía.

Y ahí entendí una verdad profunda:
👉 Sanar a mamá es, en realidad, sanar el amor dentro de ti.

Da el siguiente paso

Sanar a mamá no significa que tu relación sea mala ni que debas culparla. Significa liberar esas pequeñas heridas que quedaron abiertas y que aún hoy afectan cómo amas y cómo te relacionas.

Te invito a:
✨ Escuchar la meditación aquí: Sanar a mamá – Bert Hellinger
✨ Y si quieres profundizar, reserva tu sesión conmigo para que te acompañe en este viaje de sanación y transformación.

Porque cuando aceptamos y honramos a mamá, algo dentro de nosotras se libera… y empezamos a vivir más ligeras, más completas y más en paz.

fr_FRFrench